Para preparar a nuestros alumnos para el futuro complejo que enfrentarán, en medio de un mundo cambiante que cada día nos enfrenta a nuevos desafíos y nos impulsa a adquirir competencias globales, el Colegio ha emprendido una búsqueda de mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje y desarrollar una cultura en que el pensamiento sea uno de los pilares de su formación.
En este camino hemos ido incorporando y potenciando propuestas metodológicas, que permitirán que nuestros estudiantes desplieguen las competencias que necesitarán para desenvolverse en el mundo de hoy, como son: la colaboración, el pensamiento crítico, el pensamiento creativo, la comunicación, la ciudadanía y el carácter, ayudando a formar este «hombre nuevo para una nueva comunidad».
Un pilar esencial en este proceso es el desarrollo de las funciones ejecutivas, conjunto de habilidades cognitivas que permiten planificar, organizar, regular emociones y pensamientos, mantener la atención y adaptarse a diferentes situaciones (Diamond, 2013). Estas capacidades son fundamentales no solo para el éxito académico, sino también para la adaptación social y emocional, y comprenden habilidades como la inhibición, memoria de trabajo, planificación y flexibilidad cognitiva.
Asimismo, el dominio de técnicas y estrategias de comprensión y procesamiento de la información —como resúmenes, esquemas y mapas conceptuales (Weinstein & Mayer, 1986)— favorece un aprendizaje significativo, facilitando la organización de ideas y la consolidación de aprendizajes duraderos.
De manera complementaria, fomentar la metacognición permite a los estudiantes reflexionar sobre sus propios procesos de aprendizaje (Flavell, 1979), planificando, monitoreando y ajustando sus estrategias para lograr mayor autonomía y eficacia.
Reconociendo que el aprendizaje se construye en interacción con el entorno, es fundamental fortalecer la triada colegio-familia-estudiante. La participación activa de los apoderados refuerza los hábitos de estudio y la motivación (Bronfenbrenner, 1979), por lo que el colegio, a través del Departamento de Psicopedagogía y Educación Diferencial, implementará una plataforma de apoyo para las familias, ofreciendo estrategias prácticas, materiales didácticos, talleres y retroalimentación permanente, promoviendo así una comunidad educativa cohesionada y comprometida con el desarrollo de la autonomía escolar.
En 3° y 4° básico, el trabajo pedagógico se enfoca en fortalecer la autonomía escolar mediante el desarrollo progresivo de funciones ejecutivas como el control inhibitorio, la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y la resolución de problemas. Estas habilidades se abordan de forma transversal a través de juegos, rutinas y actividades prácticas, permitiendo que los estudiantes enfrenten con mayor seguridad los desafíos académicos y cotidianos propios de su etapa.
En 7° y 8° básico se promueve la autonomía escolar a través de la estrategia de estudio PLEMA y el desarrollo de funciones ejecutivas como el control inhibitorio, la organización y la planificación. Esto les permite a los estudiantes aprender de forma más ordenada, reflexiva y autónoma, mejorando su rendimiento y preparándolos para futuros desafíos académicos.