¿Cómo ha sido su paso por el colegio?

Fue de mucho crecimiento, en lo personal. Fue mi primera confrontación con alumnos, en un colegio de Shoenstatt, intentando formar una familia. Tratando de trasmitir la espiritualidad de Shoenstatt, la pedagogía del Padre Kentenich, etc.  Creo que el colegio, al ir creciendo, tanto en años, como en alumnos, profesores o desafíos, siempre la sociedad nos va confrontando a cambiar, a mejorar, a cambiar lo establecido, buscando nuevas respuestas, nuevos modos de llegar a la juventud, nuevas formas de transmitir la fe, etc. Para mí eso ha sido el gran paso, de saber cómo trabajar en equipo, saber que lo que hacemos tiene sentido, valor, sin duda hemos hecho un bonito camino. Me voy con muchas herramientas, con el trabajo con formación, con los alumnos, con los apoderados. En estos 4 años y medio el trabajo y crecimiento ha sido muy importante para mi, me enseñaron a descubrirme como sacerdote.

En que nos ha visto crecer, avanzar en estos casi 5 años.

El colegio ha crecido en número, hemos aumentado cursos y han llegado muchos alumnos nuevos en estos años. Eso habla de que la gente quiere estar aquí, quieren entrar y eso es un crecimiento en el sentido de que la gente nos reconoce como un buen proyecto y quiere formar parte y eso es muy lindo. Han crecido también en el compromiso por ir traduciendo cada día más lo que significa la pedagogía ketenijiana. Creo que se ha hecho un gran esfuerzo, los avances a lo mejor son paso a paso y cada paso a lo mejor no es tan sencillo de dar, pero creo que en este término se ha crecido bastante.  Hemos crecido mucho además en el sentimiento religioso de los niños, queda mucho por crecer, pero han crecido espiritualmente, son más cercanos a Dios. En un comienzo los retiros con los de media eran complejos, muchos no querían confirmarse, había una mala sintonía, no lográbamos permear lo religioso en ellos. Hoy uno ya ve la diferencia, porque se ha hecho un esfuerzo de hacer retiros desde quinto básico, que todos los cursos tengan misiones de servicio, hitos y se nota que todo esto  ha tenido una repercusión en la formación religiosa y personal de los alumnos.

Que es lo que más le llamó la atención de nosotros como colegio.

Yo creo que es algo que todo el mundo resalta y reconoce y que es el espíritu de familia. El que aquí la gente se sienta cómoda, feliz, como en casa. De que los departamentos se unan para trabajar por proyectos. De que como comunidad siempre estemos pendientes del que está enfermo, del que nos necesita, haciendo bingos, rifas o cualquier instancia para reunir fondos o cosas para personas necesitadas de nuestra comunidad. El tema también de ayudar a los auxiliares mediante la semana de servicio, todo creo que ayuda a que vayamos creciendo como familia en un mismo espíritu.

¿Hay alguna anécdota divertida que le haya pasado?

Siempre me dio mucha risa, que cuando entraba a pre kínder o kínder, los niños cuando me veían en la sala empezaban “¡mira llegó Jesús, mira es Dios!” y ahí tenía que explicarles que no era Dios, que era un sacerdote. Otra vez me tocó ir a preparar el hito de la primera comunión y la idea era que me hicieran preguntas sobre la confesión y al final terminaron preguntándome puras cosas del día a día, querían saber si yo hacía las compras en el supermercado, a cuál iba, si iba al doctor, en el fondo querían saber si yo tenía una vida normal.

¿Qué nos pediría como desafío en un futuro, en que le gustaría vernos crecer?

En un colegio que está en constante crecimiento, creo que de repente es cómodo dejar las cosas fijas, seguir haciendo lo mismo, lo que ha resultado. Pero creo que siempre es bueno ir reformulado, confrontándose en preguntarse si lo que resulta o a lo que estamos acostumbrados es lo óptimo. En el sentido de no tener miedo a renovarse, a cambiar a buscar nuevas formas y caminos para ayudar a que los alumnos se encuentren consigo mismos, con el prójimo, con su espiritualidad. Creo que muchas veces encontrar una ruta que nos ha servido da tranquilidad, pero hay que saber que esa ruta escogida no puede ser para siempre, es bueno ir mirándose, viendo las cosas buenas y malas. Y decirse, hacemos de nuevo esto este año porque salió bien, o mejor buscamos algo nuevo que impacte un poco más. No quedarse en lo que nos acomode, siempre estar atentos en buscar cosas nuevas en los signos de los tiempos y las voces de Dios. Eso va a hacer también sacar lo mejor de cada uno.

¿Qué es lo que más va a echar de menos del colegio?

Muchas cosas… A mi me gusta mucho venir al colegio, participar en los retiros, en los hitos, confesar a los niños, conversar con ellos. Voy a echar mucho de menos al equipo de formación, porque es con ellos con los que más compartí y trabajé. Voy a extrañar a los auxiliares, el venir a la rectoría y siempre tener una buena conversación. Creo que el fondo lo que más cuesta es no tener el vínculo del día a día con las personas, porque ya hemos compartido más de 4 años juntos, todas las semanas, el saludo, el compartir la vida, el pensar cosas juntos. Pero el cariño está, me reí mucho siempre con todos pero se que ese vínculo se va a seguir manteniendo y creciendo a través de la oración y tratando de mantener lo más posible el contacto. Y como me toca trabajar ahora en otro colegio también, seguramente por la red también vamos a estar muy unidos.

¿Hay algo que le quisiera decir a la comunidad del San José?

Un GRACIAS muy grande, por haberme acogido, por haberme aceptado, por haberme perdonado en las veces que me equivoqué. Creo que todos me ayudaron mucho en este tiempo a crecer en mi sacerdocio, a ampliar mi corazón a reconocerme a mí, mismas mis debilidades y fortalezas, eso se lo agradezco mucho al colegio. El San José fue una gran escuela para mí.