Columna

Vinculándonos con nuestros hijos

La primera forma de comunicación de una madre o cuidadores hacia su hijo es a través de la relación o vínculo con él. Lo que la literatura hoy llama estilos de apego temprano. Este vínculo comienza desde el embarazo y determina las futuras relaciones interpersonales que la guagua tenga durante la infancia y la adultez.
Es asombroso cómo la madre relacionándose con su hijo logra captar las señales que éste le envía con su cuerpo. La madre es capaz de sentir e intuir cuales son las necesidades de su hijo discriminando si tiene hambre, sueño, malestar o frío.
Si pensamos en los recién nacidos, sabemos que traen un componente hereditario que influye sobre su comportamiento. Componente que se va desplegando a partir de su experiencia con el mundo y sus seres significativos. Por lo que el vincularse implica siempre una experiencia de mutua recepción y según cómo sea la relación que se establezca con ese niño la literatura plantea que éste tendrá un apego seguro o inseguro, lo que seguramente influirá en la forma en que ese niño se va a relacionar durante toda su vida con los demás.
Es decir, el apego se consolida según cómo haya sido la relación con sus padres y ese será el tipo de apego que el niño internalizará y que posteriormente influirá en su vida.

Es así como podemos reconocer tres tipos de apegos:

  • Los niños con estilos de apego seguro: son capaces de sentirse seguros aunque sus padres no estén presentes. Intuyen que sus padres estarán siempre disponibles lo que les genera confianza, tienden a ser cálidos y estables en sus relaciones futuras.

  • Los niños con estilos de apego evasivo: tienden a ser desapegados de sus padres especialmente frente a los conflictos. Tienden a tener poca confianza en que serán ayudados por el adulto y poseen inseguridad hacia los demás prefiriendo mantenerse distanciados de los otros.

  • Los niños con estilos de apego ansioso-ambivalente, responden con mucha angustia frente a la separación, sienten inconsistencia en los cuidados que reciben aumentando su desconfianza en que serán ayudados.

¿Qué podemos hacer cómo padres para asegurar un apego seguro con nuestros hijos?

Es fundamental el primer año de vida en donde es muy importante que tanto padres, abuelos, hermanos o personas significativas para el niño sean lo suficientemente sensibles para conocer e imaginar cómo responder a sus necesidades tanto biológicas y alimentarias como de atención y seguridad, sabiendo discriminar cuando se trata solo de una necesidad de cariño.

Funciones importantes que se deberán desarrollar en el vínculo con el niño son:

  • De sostén: de acogimiento, de sostén físico ante una dificultad.

  • De interacción: mirarlo, hablarle desde guaguita, calmarlo.

  • De contención emocional: colocarse en el lugar, entender las necesidades propias de cada edad, ser capaces de percibir lo que necesita de parte de sus padres según la etapa del desarrollo, ser flexibles en hacer los cambios que se requieren según las características propias de cada niño y la edad, empatizar con sus molestias y sus alegrías.

  • De nutrición: alimentación con preocupación y estimulación a través de hablarle y reflexionar con él.

  • Función lúdica: formar un lazo de confianza a través del juego los primeros años de vida.

¿Cómo podemos reforzar el apego seguro con nuestros alumnos en el colegio?

  • A través de reuniones con apoderados comunicando las necesidades de sus hijos en las diferentes etapas del desarrollo y lo que se requiere de ellos como padres

  • Reforzando un vínculo de contención y seguridad primero desde la casa y luego con los profesores

  • Siendo enfáticos en poner los límites que requiere la edad y las exigencias escolares a través de un vínculo de respeto y amor

  • Reforzando el compañerismo y el desarrollo de una buena autoestima entre los alumnos

Como educadores vemos que es muy importante ayudar a los padres a empatizar con las diferentes etapas del desarrollo de los niños siendo claros en transmitir lo que se espera de ellos y que tomen consciencia que ellos son la primera fuente de seguridad para sus hijos. Luego vienen otras fuentes tales como los abuelos, hermanos, nanas, profesores etc. con las que los niños se sentirán más contenidos si sus padres han logrado vincularse con ellos con un estilo de apego seguro.

DANIELA GANTZ OÑATE
PSICOLOGA 

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